Lupita Palafox Trujillo
(1930 – 2019)

Al escuchar las palabras de SS Francisco I “La verdadera fuerza es el servicio” recordamos el Evangelio de San Mateo 25, 34 y 40:

“Vengan, benditos de mi Padre,
tomen posesión del reino preparado para ustedes
desde la creación del mundo...
 Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos,
 aun por el más pequeño, lo hicieron por mí”.

Volviendo a pasar por el corazón las memorias de la vida de Lupita, nuestra querida amiga, maestra, hermana; apreciamos que el servicio a los demás la identificó como una gran mujer con conciencia de paz, cumpliendo la voluntad de Dios.
“Si amo a Dios, no puedo dejar de amar a mi hermano”



Lupita nació un 22 de febrero de 1930 en el seno de la familia Palafox Trujillo, siendo la onceava hija de doce y viviendo siempre enamorada de sus padres y hermanos. En su juventud se formó como guía Montessori para niños de 3 a 6 años.


Invitada al primer curso de la Dra. Sofía Cavalletti en México, en julio de 1976, Lupita asistió para “descubrir la imagen bíblica y auténtica del Dios que nos ama y a vivir de una manera nueva un encuentro real con Dios, a través de los ojos y los corazones de los niños”.
Desde entonces quedó marcada en su mente y en su corazón esta experiencia.



Lupita relata que esa semilla que se sembró en ese primer curso de 1976 fue germinando hasta el día de hoy en México gracias al Señor, el Buen Pastor, quien desde el principio despertó esa vocación en la gran mayoría de asistentes al curso, para que dedicaran una parte significativa de sus vidas a esta Catequesis. Sofía volvió en varias ocasiones a México, a veces venía sola o también acompañada de alguna de sus maravillosas colaboradoras: Gianna Gobbi, Silvana Montanaro, Tilde Cocchini y Francesca Cocchini.

Al principio, la Catequesis comenzó en Cd. de México, Chihuahua y Edo. de México. Lupita y Nora Ma. Bonilla comenzaron a trabajar en la Parroquia de Santa Lucía iniciando el primer atrio en México y América Latina en 1978.

En 1981 Lupita se fue a preparar a Roma con Sofía y Gianna en el atrio de Via degli Orsini.

A su regreso, Lupita en particular, fue un pilar para extender la Catequesis del Buen Pastor por todo el país. Durante cuarenta años visitó todo México ofreciendo cursos para catequistas. Viajaba en autobús y llevaba consigo numerosas cajas y bolsas. Al llegar a las ciudades desempacaba esas cajas y bolsas donde se encontraban materiales elaborados con un gran amor y un enorme cuidado. Sus cursos eran ofrecidos de tal manera que nos hacía pensar en lo que Sofía describe como nuestro encuentro con las parábolas de Jesús: el ir desenvolviendo poco a poco un regalo, que no se ve su interior, y seguir desenvolviendo hasta encontrar una hermosa joya. Nos iba maravillando con el anuncio, del cual ella era una humilde y sencilla portadora. Nuestros corazones se iban abriendo con estupor y gozo ante la Palabra que se proclamaba y ella escuchaba junto con nosotros. Al ver los materiales que presentaba, tan sencillos, tan hermosamente hechos, algunos elaborados en papel cebolla con letra trazada a mano y los colores delineados. Las presentaciones nos las corregía personalmente y es un tesoro tenerlas guardadas con sus anotaciones hechas al margen. Su amor a la Catequesis la impulsó a ofrecer los cursos mañana y tarde, además de dar pláticas a los padres de familia por las noches. Los cursos, que duraban varias semanas, nos parecían pocos días. Siempre nos brindó un acompañamiento cercano, silencioso y permanente para lanzarnos al trabajo lleno de gozo con los niños.  

 

Ella misma se pregunta: “¿cómo ese tesoro que es el niño, que Dios es capaz de crear, ahora lo pone en nuestras manos? Él sabe por qué, Él quiere que lo ayudemos”.

A la par de los cursos, los libros de Sofía y Gianna se fueron traduciendo. Lupita Palafox fue una de las colaboradoras para hacer este gran trabajo.  Desde el inicio de la Catequesis en México ella tradujo también artículos, folletos y todos los materiales de la Catequesis.

Participó en varios Consejos Internacionales en Roma, así como en muchas Reuniones Nacionales.

Su gran capacidad de escucha,  trabajo, disposición de ayuda, nos motivaban a enamorarnos del trabajo con los niños.
Siempre estaba abierta y dispuesta a responder dudas, asesorar cualquier trabajo, revisar álbumes y materiales; era incansable.

En sus propias palabras expresa: “Para nosotros la Catequesis del Buen Pastor ha sido algo que, aún cuando no lo sabíamos claramente, la habíamos estado esperando y necesitando para nuestros niños y para nosotras también. Lo que respondió a nuestra necesidad que no habíamos expresado fue, por un lado, el contenido: “el anuncio” o mensaje de Dios que es trascendente y al mismo tiempo totalmente cercano; Dios, la fuente de amor, quien es tan cercano como para comunicar Su propia vida para llevarnos a creer; el Dios de la historia quien construye con nosotros, a través de la historia, un “proyecto de comunión”.  Y por el otro lado, la experiencia de un real encuentro con Dios, en la Catequesis misma, respondió a un profundo y no expresado deseo; este encuentro real ocurre al escuchar nosotros la Palabra, meditar en ella, y disfrutarla profundamente, porque en ella Dios nos comunica Su plan – el deseo de Dios de establecer una alianza con la humanidad-. Esta catequesis ha despertado en nosotros una respuesta, formada no solamente por palabras de admiración y alabanza, pero de vida. Esta riqueza ha llenado y sobrepasado plenamente nuestras expectativas. Después de veintisiete años (ahora 43), de continuo trabajo con los niños, nosotras las catequistas permanecemos entusiastas, a pesar de los obstáculos que encontramos al tratar de encontrar los caminos del Señor y a pesar de nuestras propias limitaciones. Nos damos cuenta de que nuestro trabajo es, principalmente, el trabajo del Señor… Todo este maravilloso trabajo, creo firmemente, se ha logrado gracias al Señor, nuestro Buen Pastor,  quien nos ha permitido poner nuestro pequeño esfuerzo junto con Su fuerte y amorosa acción. ¡Cómo pudiéramos algún día agradecerle lo
suficiente!”.

En un mensaje a las catequistas de México en el año 2016, expresó: “El Señor nos unió en este Camino por su puro Amor y a Él le agradezco todo lo que me ha entregado a través de estos años en el que hemos trabajado juntas y le pido me las Bendiga y Cuide cada día”.
………………………. Lupita Palafox T.

Una huella muy grande que dejó fue su humildad y sencillez tanto de vida como de palabra, siempre presta con el lápiz labial para estar bonita.
Fue un pilar muy importante para extender la Catequesis del Buen Pastor a todo el país.
Llegando a ser nuestro  “Patrimonio Nacional” .

Siempre hizo honor al nombre que eligió para su correo electrónico: “Luz y Paz” y eso, querida Lupita, es el gran legado que nos dejas.

Querida Lupita,
Con inmensa gratitud, desde lo profundo de nuestro corazón, celebramos y agradecemos a Dios tu vida entre nosotros. El bello trabajo, tan lleno de amor, que pusiste al servicio del Buen Pastor, de las catequistas y los niños de México permanecerá siempre en nuestra memoria.
El Salmo canta lo que tu vida expresó:
“Que mi alma alabe al Señor, y proclame todas sus maravillas” (Salmo 9, 2)

Agradecemos infinitamente tu vida, tu entrega y tu amor al Buen Pastor, tu recuerdo siempre permanecerá en nuestro corazón.
Te queremos, las Catequistas y Niños de México.