Gianna Gobbi
1919-2019
Centenario de su nacimiento

En el plan amoroso de Dios existieron dos seres extraordinarios que escucharon el llamado del Buen Pastor, fueron sensibles a su voz y dieron forma a la Catequesis que lleva este nombre, Catequesis del Buen Pastor. Ellas fueron: Sofía Cavalletti y Gianna Gobbi.

En este año, 2019,  celebramos el centenario del nacimiento de Gianna con gran gozo y agradecimiento.

Su sonrisa diáfana y su mirada alegre era lo primero que captaba la atención de las personas al verla. Quienes la conocieron de cerca como guía Montessori y como catequista, se percataban de su presencia sutil, de su capacidad de brindar el apoyo necesario al niño, algunas veces simplemente disponiendo el material atractivamente y se retiraba para dejarlo trabajar por sí mismo.

Era muy joven cuando comenzó a prepararse como guía directamente con la Dra. María Montessori. Sabía hacer muchas cosas con sus manos y talento. Utilizaba estas habilidades tanto con los niños, a través de muchos años de experiencia con ellos, como para formar nuevas guías y asistentes a la infancia. Alguien que influyó considerablemente en su formación fue Adele Costa Gnocchi, otra gran montessoriana. Gracias a toda la experiencia adquirida participó como asistente en varios cursos ofrecidos por María Montessori, como el de Perugia en 1950, que fue uno de los últimos que impartió la doctora. El trabajo de Gianna dentro de la educación Montessori la llevó más allá de Italia a dar cursos para la formación de adultos en México y Estados Unidos.

Francesca Cocchinni nos comparte en el folleto de agosto de 2019, un testimonio de Grazia Honneger Fresco, alumna de María Montessori y aún activa experta pedagoga del método. Es un artículo escrito cuando murió Gianna en enero de 2002, y dice:
“Pero el gran trabajo de Gianna empezó cuatro años más tarde cuando Adele Costa Gnocchi le presentó a Sofía Cavalletti: quería que alguien estudiara la espiritualidad del niño y que diese respuestas adecuadas, muy diferentes a las modalidades tradicionales de educación religiosa. Fue un encuentro “deslumbrante”: Sofía, biblista, conocedora del hebreo; Gianna, experta en niños pequeños, preadolescentes y adolescentes, conocedora, a través de Montessori, de las respuestas mayéuticas que hay que dar según la edad. Nació de este encuentro el trabajo que fue llamado “del Buen Pastor”… un trabajo grande que ha difundido por el planeta el camino para reconocer a tiempo lo que Sofía habría llamado después el “potencial religioso del niño”.

 







Y así, sin saber que algo maravilloso comenzaba, fue como inició la Catequesis del Buen Pastor que sería a lo que en adelante ambas dedicarían su vida, poniéndose al servicio de las necesidades religiosas de los niños.

Gianna, con sus magníficas aptitudes artísticas y manuales, ayudó a preparar el ambiente con el mobiliario y actividades para los niños llevando la educación Montessori al campo de la educación religiosa y, a un lado de Sofía, buscaron acercar al niño al mensaje de Cristo, a partir de la creación de materiales de catequesis donde el niño experimentara la presencia de Dios  y fuera cada vez siendo más estrecha su relación con Él.

Para seguir compartiendo el gran don de la Catequesis, vino a México a acompañar a Sofía Cavalletti y a Silvana Q. Montanaro a impartir un curso en Cd. de México en 1981, y a participar en la I Reunión Nacional de Catequistas en Guadalajara en 1995.

Un libro fundamental dentro de la Catequesis del Buen Pastor es el escrito por ella: “Algunos principios montessorianos aplicados a la catequesis de los niños” donde a través de su lectura podemos percibir esa sabiduría de alguien que quiere asistir, haciéndose invisible como el siervo inútil,  al potencial religioso del niño pequeño.

Personas que convivieron de manera cercana con ella, relatan que una parte importante de su vida era ir a pasar temporadas a una villa que tenía en la campiña italiana donde disfrutaba de la naturaleza junto con su amiga Sofía. Era imposible quitar los ojos del maravilloso paisaje movido por suave brisa que, incluso, llegaba a “meterse” dentro de la casa en pequeños rincones donde se podían encontrar girasoles o racimos de uvas.

Durante su vida, Gianna y Sofía siempre estuvieron interconectadas en una amistad que trascendió más allá de sus existencias.

Continuando con el testimonio de Grazia Honneger Fresco, citado por Francesca, dice:

“En el funeral de Gianna, una madre, exalumna del Centro, testimonió así la asociación excepcional que estas dos mujeres supieron crear:
´Gianna acercó a los niños a las Escrituras; Sofía, las Escrituras a los niños´”.