“Yo les aseguro: si no cambian
y se hacen como los niños, no entrarán
en el Reino de los Cielos”. (Mt 18,3)

La Catequesis del Buen Pastor se centra en la vida religiosa del niño observando la manifestación de sus exigencias más profundas según cada edad y prepara el ambiente y las condiciones necesarias para que esa vida religiosa pueda vivirse y desarrollarse.

La Catequesis del Buen Pastor hace suya la visión del ser humano de la Dra. María Montessori desde la cual el adulto contempla y ayuda al niño preparando un ambiente (el atrio) que ayude al desarrollo de su vida religiosa.

Ésta es una de las ayudas indirectas que el adulto proporciona al niño para propiciar el diálogo con su verdadero Maestro: la preparación del ambiente donde se realiza el encuentro del niño con Dios.

Sofía Cavalletti comenta que fue la propia Dra. María Montessori quien llamó “atrium” al ambiente dedicado a la vida religiosa de los niños, recordando el espacio que, en la antigua basílica cristiana, servía de antecámara, en sentido material y metafórico, a la Iglesia. Era el lugar de preparación de los catecúmenos para conocer los misterios de la fe y vivirlos en los sacramentos. Para el niño se trata del lugar donde comienza a conocer las grandes realidades de su vida de cristiano, pero también, y sobre todo, comienza a vivirlas en la meditación y en la oración”.

En la Catequesis del Buen Pastor el atrio es conocido como el lugar de trabajo de los niños. Sin embargo, no se trata de un aula escolar o un sitio de instrucción religiosa, es un lugar de vida religiosa. Se puede decir que es un lugar de culto, el trabajo del niño dentro del atrio se convierte en un coloquio con Dios. Es un lugar que debe facilitar el silencio y el recogimiento donde el niño y el catequista escucharán y meditarán juntos la Palabra. En él, el niño encontrará material adecuado a su edad que lo hará profundizar en el mensaje y a través de su actividad personal, le ayudará a la absorción, en forma meditativa, del tema presentado.

 





Otro instrumento a través del cual es posible que llegue el anuncio a los niños son los cinco Álbumes  de “Yo soy el Buen Pastor”; estos fueron creados por Sofía Cavalletti y Gianna Gobbi pensando en grupos numerosos de escuelas y parroquias, donde no era posible tener un ambiente preparado de atrio. Cada Álbum tiene su correspondiente Guía para el catequista.

Sofía Cavalletti y Gianna Gobbi expresan que para hacer estos álbumes han seguido dos criterios:

  1. Han dejado los textos bíblicos completos (cuando es posible) al igual, todo el desarrollo de un rito litúrgico, de manera que una vez que el niño es puesto ante esto, pueda desarrollar un coloquio personal.
  2. Para meditar el texto se hacen breves preguntas o comentarios por parte del adulto, para que el niño sea quien se ponga “por sí solo” a la escucha de ese pasaje en un coloquio interior.

Estos libros no son textos para aprender, sino una ayuda para encontrar a una Persona, el único Maestro es Cristo en el salón de catequesis en el cual pequeños y grandes se ponen juntos a la escucha de este Pastor que nos llama por nuestro nombre.

La característica número 17 de la Catequesis del Buen Pastor dice: : Los niños tienen a disposición un MATERIAL que a través de la actividad personal, ayuda a la absorción, en forma meditativa del tema presentado. En lugares y situaciones donde no es posible tener un “atrio”, otro instrumento para transmitir el anuncio, está constituido por los álbumes y guías “Yo soy el Buen Pastor”. Por lo tanto, la voz del Buen Pastor, puede llegar a través de instrumentos diversos: el material y los libros “Yo soy el Buen Pastor”, pero aunque sea en la diversidad de los instrumentos, su voz resuena en lo profundo del corazón.